Introducción Caso Sayago

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El viejo despertador de la mesa de noche marcaba las 7.15 de la mañana de 07 de Febrero de 2006. Abro los ojos con pesadez, había pasado una noche más sin dormir, intranquilizada. El corte de Ruta de la 43 ya llevaba mas de 20 días y ese acto de ilegalidad y atropello permanentes me habían enseñado la virtud de la tolerancia que debíamos tener los vecinos …

con los encapuchados de la ruta que insultaban, robaban, mismas personas que argumentando” pelear por mejoras laborales y sociales” se cubrían el rostro y amenazaban con palos , mismas personas que tenían la potestad de decidir quienes transitaban por ella y quienes no, en un acto de total abandono en que el Estado Provincial Santacruceño hizo y sigue haciendo, junto a las autoridades locales en su conjunto, habían hecho y siguen haciendo de los ciudadanos comunes. Dispuesta a encarar otro día de malestar y desesperanza al ver convertida la ruta 43 en una verdadera hoguera, zona liberada donde autodenominados desocupados, petroleros, políticos y demás yerbas debatían públicamente sus miserias, de pronto aparece mi esposo, ya traía un mate calentito, pero también venía con el rostro ensombrecido. Eso era una mala noticia. Con la tranquilidad que lo caracteriza, se sienta a un lado de la cama y me dice:

– Tengo algo que contarte.

– Que pasó? – le respondí ya sospechando alguna desgracia.

– A la madrugada de hoy mientras intentaban tomar la Alcaldía los piqueteros para sacarlo a Mario Navarro, asesinaron a un policía y hay unos cuantos mas heridos…dijo con detenimiento.

– No puede ser – Le constesté yo – Eso es imposible!

Me levanté anonadada y la llamo a mi vecina por teléfono con la esperanza de que la noticia que me había dado mi esposo en algo estuviera errada. No. No estaba errada.

Medio llorosa y asustada mi vecina de tantos años me lo confirmó. Shockeada, incrédula, aterrorizada agarré el mate y miré la hermosa mañana que ya estaba teñida de amargura y miedo. Pensé en Las Heras, el querido Las Heras al que había llegado hacía varios años, con una mano atrás y otra adelante y tanta generosidad había tenido conmigo. Recordé en mil imágenes aquellas cosas buenas vividas en este pueblo, donde había encontrado a muchos buenos vecinos a los que estimaba y respetaba . En Las Heras me casé. Mis hijos son lashereños a “full” como dicen los pibes. En Las Heras pude trabajar y entre buenas y malas que sin excepciones les impone este país a los pequeños empresarios, las esperanzas de un futuro mejor fueron posibles. De pronto, y sin poder hacer nada por detenerlas, aparecieron las primeras lágrimas. Lágrimas de pena por el policía asesinado, que sin saberlo, fue traído a Las Heras a morir. Lágrimas de impotencia, por que este alevoso acto de violencia se pudo evitar y el Estado no hizo nada. No se porque motivo. Lágrimas de desesperanza, porque en minuto, ese pueblito petrolero que está en algún rincón de Santa Cruz ya estaba en todos los medios nacionales por asesinato e impunidad que desde tiempos inmemoriales gobierna en Santa Cruz. Y Lágrimas de miedo porque me dí cuenta, dramáticamente, que el 7 de Febrero de 2006 le tocó a Jorge Sayago y aún hoy le puede tocar a cualquiera de nosotros. Me robaron mi Las Heras, mi querido Las Heras donde se podía confiar en el otro, donde los policiales más resonantes, en general, eran asuntos de borrachos y vi delante de mis ojos aparecer esta tierra de impunidad, desconfianza, violencia y muerte.

Como ciudadana de Las Heras, no se si el homicidio de Jorge Sayago alguna vez verá justicia, pero es imprescindible que se haga pública la verdad. Aunque en los círculos políticos está vedado hablar del “Caso Sayago” por la importante carga de sospechas que cae sobre ese Sector de la Provincia y salpica de sangre a altos funcionarios municipales en el presente, el único bálsamo que curará nuestras heridas, será la verdad, la pura e insustituible verdad. Cualquiera sea ella.

Susana Barrera – DNI 16756861 – Las Heras – Santa Cruz.

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