¿Cómo impacta la crisis en las empresas de la región?

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Las definiciones del gobierno nacional en los últimos días, que al compromiso del déficit cero sumó la menor emisión monetaria y tasas de interés que superan el 60%, anticipan un contexto de recesión que ya empieza a sentirse en empresas de la región, que si bien continúan con el movimiento provocado por la actividad petrolera, han notado ya el estiramiento de plazos de pago y las diferencias de costos en insumos atados a la cotización del dólar.

La situación para la cuenca San Jorge tiene dos indicadores contra puestos. Por un lado la mayor actividad vinculada al recupero del precio internacional del petróleo, potenciada por un tipo de cambio que favorece además la exportación de crudo excedente, en una inserción internacional que habitualmente demanda entre el 30 y 40% de la producción petrolera de la provincia.

Ese mismo factor vinculado al dólar, que también impacta positivamente en otros ámbitos como la pesca y el aluminio, si se piensa en el contexto provincial y no sólo en la zona sur de Chubut (lo que permitirá al Estado nacional una recaudación estimada en más de 10.000 millones de pesos para el año próximo, a través de retenciones), provoca hoy incertidumbre en los sectores vinculados a empresas de servicio y aun en otras no vinculadas a esta actividad, como es el caso de la construcción.

PLAZOS DE PAGO ESTIRADOS Y EL “EFECTO SÁNDWICH”

“No quiero pensar lo que van a ser las tasas de descuento de cheques, para posibilitar el funcionamiento en una economía recesiva, con poca plata en la calle”, planteó el economista Guillermo Nielsen. Si bien su análisis estaba enfocado en el contexto nacional, la duda es perfectamente aplicable a lo que pasa hoy en el barrio Industrial de Comodoro Rivadavia.

Es que a los problemas habituales de financiamiento se suman otros inconvenientes que se hicieron notorios en los últimos meses: el estiramiento de plazos de pago, que superó holgadamente el promedio habitual de 60 días para extenderse a 90 ó 120, se ha sumado la dificultad para manejar precios de insumos. Un problema habitual es que al realizar pagos de insumos dolarizados, determinadas empresas de servicios deben afrontar notas de débito por la diferencia cambiaria, ya que el precio al momento de pagar no es el mismo –con diferencias que pueden superar el 20 ó 30%- que al momento de haber requerido la compra.

Así, se produce un efecto “sándwich”, en el que una empresa que presta un tipo de servicio queda en medio de dos extremos: para cobrar la factura del trabajo realizado debe esperar un plazo que se ha hecho más largo, al tiempo que debe afrontar el pago del IVA al mes siguiente de la factura emitida, acumulando intimaciones de la AFIP. Y si la demora en el cobro se traslada a la cancelación de sus propios insumos (debido a las dificultades de financiamiento), queda sujeta también al incremento del precio por la diferencia de cambio en el momento de pagar.

Otro riesgo pendiente es el de los embargos de la AFIP, que se reactivarán desde octubre, tras el plazo otorgado por la emergencia; en la provincia suma alrededor de 2.000, la mayoría de Comodoro Rivadavia, según se informó en su momento desde la FECH, mientras que el volumen de cuentas inmovilizadas supera los 400 millones de pesos, según cuestionan sus autoridades.

Para el economista Ángel Nurchi, de “CIPAT Economía”, los efectos de la recesión se van a sentir en todos los sectores, aunque en principio enfoca particularmente sobre la obra pública, por su alto nivel de sensibilidad, debido al efecto multiplicador. “Esta es una de las más afectadas y donde se ve más perjudicado el poder adquisitivo de la gente –explica- a diferencia de sectores que se verán favorecidos por el tipo de cambio alto, como la pesca, el petróleo o la la línea exportadora. Hoy el tipo de cambio en términos reales es similar al de 2008 y si se llega al nivel de 2003, el tipo de cambio sería de 46 pesos. La contracara es el traslado a precios que esto va a tener”.

El freno de la obra pública se hizo evidente en los últimos días, con el gobierno provincial fracasando en su intento de renegociar los contratos caídos por obras paralizadas y el gobierno municipal anunciando un plan por 800 millones de pesos para paliar la crisis que afecta a más de 1.700 trabajadores desocupados sólo en ese sector.

Ese freno se traslada a otros sectores minoristas, como puede ser el comercio –sigue explicando Nurchi-, que son los que quedan más expuestos ante estas políticas económicas, que por un lado beneficia al comercio exterior, pero que no se verá reflejado en niveles de actividad: la inversión petrolera está hoy estancada, pese a que se benefician con la baja de costos”.

“Las pymes que no tienen que ver con el sector exportador son las que más empleo generan –advierte el economista-. Lo que es obra pública, comercio, o servicios (al petróleo) es el segmento más importante, pero se ven perjudicadas por el menor consumo, la recesión y la alta tasa de interés, por lo que la perspectiva es mala en el mediano plazo: creo que la política económica hoy es la recesión, porque es lo único que cierra con este modelo. Las pymes terminan absorbiendo un círculo vicioso que achica márgenes de utilidad hasta el punto de que sólo les queda aspirar a sobrevivir: por el lado costos fijos, tarifas de servicios por las nubes, al igual que la tasa de interés, pero con demanda por el piso”.

La duda que queda flotando es si la recesión llegará a paralizar totalmente la actividad en la zona sur de la provincia, o si el efecto movilizador del petróleo permitirá disimular, con la intensificación de tareas de los últimos meses, los efectos negativos de una economía que enciende alarmas de descarrilamiento.

Fuente: ADN SUR.

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