Chubut: Gendarmes integrados a los Juegos Mapuche

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Mari, Mari”, dice una voz suave del otro lado del teléfono. A 1400 kilómetros de Buenos Aires, en Cushamen (Chubut), Matilde Huenelaf repite el saludo, pero esta vez en castellano. “Buenas tardes”, dice.

Matilde tiene 49 años y, desde hace nueve, se desempeña como maestra intercultural de Mapudungun (el idioma del pueblo mapuche) en seis escuelas de la zona (la N.° 59 de Fofo Cahuel; la N.° 38 Policía Federal Argentina; la Escuela Secundaria N.° 7709; la N.° 60 de Ranquil Huao; la N.° 69 Miguel Ñancuche Nahuelquir y la Escuela N.° 67 de Ñorquinco Sur).

Su trabajo –explica Matilde– es un gran desafío. “La historia de los Mapuches es la misma de todos los pueblos originarios: con la conquista se los ha querido borrar. Somos pocos los que nos animamos a ir por las escuelas a enseñar nuestro propio idioma y, a través de él, un montón de otras cosas”, agrega. Cuando dice “un montón de otras cosas” se refiere a transmisión de saberes y tradiciones, siempre “parlamentada” (consensuada) con los abuelos (sabios) de la comunidad.

Los Juegos Mapuches se celebran en el mes de noviembre y, desde 1997, reúnen a toda la comunidad de Cushamen. 

“Estos juegos representan la perseverancia: la mayoría de ellos requiere sortear obstáculos. El mensaje es claro: quien cae tiene que poder levantarse y seguir adelante. Con caza del choique, por ejemplo, les explicamos que esa era una de las formas de sobrevivir que tenían los pueblos, pero actualmente no lo hacemos porque hay que cuidar y respetar a la naturaleza”, detalla Matilde.

A la charla se suma el director de Comunicación Institucional de Gendarmería Nacional, el comandante mayor Marcelo Néstor Torrisi. El año pasado, los días 20, 21 y 22 de noviembre Torrisi, junto con otros ocho gendarmes, participó de los Juegos Mapuches que reunieron más de 300 personas en la Escuela N.° 67 de Ñorquinco Sur. “Fuimos a dar un apoyo comunitario. La experiencia fue fenomenal”, resume Torrisi.

“Fue la primera vez que invitamos otras personas”, agrega la docente sobre la experiencia del año pasado. Y agrega: “Creo que ellos se llevaron una buena impresión de nosotros y viceversa. A veces, y ese quizá sea nuestro error, creemos que todo el mundo conoce lo que hacemos y no es así. Por eso rescato que hayamos podido compartir ese evento con Gendarmería Nacional”.

UN ANTES Y UN DESPUÉS

Tras la muerte de Santiago Maldonado en 2017, luego del enfrentamiento con Gendarmería en Cushamen, mucho se dijo acerca de la relación entre la comunidad mapuche y la Fuerza de Seguridad Nacional. “Para ellos, nosotros éramos ‘milicos’ que íbamos a dar una mano. De parte nuestra había cierta cautela, pero encontramos personas con ganas de compartir sus saberes”, dice Torrisi. Por su parte, Matilde agrega: “A veces hablan tanto en nombre de nosotros… Decían: ‘La comunidad mapuche de Cushamen que está en la ruta 40’. Esa gente no nos representa. La comunidad mapuche está en Cushamen. Hay mucha desinformación”.

Fuimos a dar un apoyo comunitario. La experiencia fue fenomenal. El último día uno de los abuelos me dijo: ‘A usted lo estuve observando. Me alegra que hayan venido y espero que el año que viene regresen’.

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