Hace 28 años el Volcán Hudson se despertaba causando una catástrofe.

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Hoy se conmemora un año más, de un despertar distinto en varias zonas principalmente la norte de la Provincia de Santa Cruz.

La erupción del volcán Hudson de 1991 fue una de las más violentas y duraderas de la historia de Chile. Entre el 8 y el 15 de agosto, el volcán expulsó unas 2.500 toneladas de cenizas volcánicas que cubrieron extensas aéreas de Chile y de las provincias de Santa Cruz, cubriendo un área de 150 mil kilómetros cuadrados. El volcán permaneció en actividad hasta el 29 de diciembre de ese año.
En las cercanías del Hudson, la capa de cenizas tenía un promedio de 45 centímetros de altura y devastó bosques enteros en la cuenca del río Ibáñez. En otros lugares, la capa alcanzó hasta más de un metro de espesor. Las localidades más afectadas por las cenizas fueron Los Antiguos, Perito Moreno, Las Heras, Pico Truncado y Caleta Olivia.

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El siniestro:

El 8 de agosto de 1991, a eso de las 18:20 horas, el Hudson inició un ciclo eruptivo, precedido por actividad sísmica levemente perceptible entre 3 y 4 horas antes por habitantes del Valle Huemules, a unos 30-40 km al oeste del volcán. Esta actividad se caracterizó por ser explosiva, acompañada por flujos de lava, originada en un cráter de 400 m de diámetro y una fisura de 4 km en el sector ONO de la caldera. La columna eruptiva alcanzó los 12 km de altura y se dirigió hacia el norte, afectando a Puerto Chacabuco, Puerto Aysén, Puerto Cisnes, Puyuhuapi y La Junta. La pluma de cenizas llegó incluso hasta Puerto Montt, a casi 500 km de distancia. Posteriormente, el día 11, se produjo un lahar que bajó por el río Huemules, debido a la fusión de parte del glaciar, además se observó el surgimiento de un nuevo cráter, de unos 800 m, el que generaba explosiones freatomagmáticas, a 4 km al SSE del primero.

Al mediodía del 12 de agosto, desde el segundo cráter, se inició la segunda y más importante erupción en este proceso. A las 2 horas de comenzada se logró ver una columna de más de 10 km dirigida al SE. La densa pluma volcánica golpeó duramente a las localidades de Villa Cerro Castillo, Puerto Ingeniero Ibáñez y Chile Chico, en el lado chileno. Al otro lado de la frontera, Villa Los Antiguos corrió la misma suerte. La oscuridad era total a plena luz del día, que sumado a estar en plena época invernal, hizo que las temperaturas bajaran notoriamente. Lapilli (fragmentos de entre 2 mm y 6.5 cm, conocidos como “arena volcánica”) de 5 cm cayeron a 55 km de distancia, mientras bombas de 20 cm fueron encontradas a 34 km, dando una idea de la magnitud del evento.
El día 14 la columna se mantenía en un promedio de 16 km de altura, con peaks de 18, alcanzando el 15 de agosto las islas Malvinas, distantes a 1200 km, con una pluma de 180 km de ancho sobre territorio argentino. Durante la tarde de ese día comenzó la declinación definitiva de la caída de ceniza, aun cuando el daño, muy severo, ya estaba hecho.

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Impacto ambiental:

Según datos de Onemi, sólo en Chile la ceniza cubrió unos 40 mil km2 (otros 110 mil en Argentina), afectando a 6863 personas y fue necesario evacuar 473. Fueron dañadas 127 viviendas, mientras 39 resultaron destruidas. El área afectada fueron 750 mil hás, de las cuales 210 mil a suelos forestales, 1234 a agrícolas y 156.473 a ganaderos. Los 2 primeros casos equivalen al 100% y el último al 82,9%. El resto son terrenos de vegetación y aguas. El espesor de la ceniza en sectores agrícolas fue de 5 cm en general. En cuanto a los animales, sufrieron las consecuencias 16.622 bovinos (79%), 102.497 ovinos (89%) y 2.643 equinos (87%); se evacuaron 10.030, 12.566 y 903, respectivamente. La masa ganadera muerta inmediatamente alcanzó el 12% debido a las altas concentraciones de flúor ingeridas al comer cenizas. La producción forestal impactada fue de 35 mil pulgadas de madera en trozos, 40 km de caminos de acceso, 70% de rebrotes de bosque nativo y la pérdida de 3 aserraderos e instalaciones varias.

Entre los cursos de agua afectados por la gran cantidad de material caído se encuentran el río Huemules, en el valle del mismo nombre, y el río Ibáñez. Este último recibió un enorme volumen de piroclastos que lo embancó severamente a lo largo de su curso, causando la muerte de vastas extensiones de bosques en sus riberas. Más aún, su desembocadura en el lago General Carrera, 90 km al sureste del volcán, también se vio alterada, puesto que la ceniza depositada formó una verdadera playa que modificó sustancialmente la orilla, generando problemas para la navegación local.

Como si esto fuera poco, el efecto de la erupción no se limitó sólo a los días y meses posteriores, sino que continúa hasta hoy, 25 años después al momento de escribir este artículo. Al haber tan significativa extensión de suelos cubiertos por las partículas volcánicas, lógicamente no se pueden limpiar fácilmente. La Patagonia es conocida por sus fuertes y constantes vientos durante el año. Con el pasar del tiempo, se originaron auténticas “tormentas de ceniza” que extendieron aún más la superficie amagada. No hubo cerco que opusiera resistencia, siendo sólo los árboles usados como barreras los únicos que lograron contener el avance de las cenizas en los campos.

Fuente: Truncado Informa.

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