UN PAÍS SIN DESTINO, CON LA VIEJA DELINCUENCIA K REIMPLATANTADA EN EL GOBIERNO NACIONAL Y UN FUTURO INCIERTO QUE ROMPE LA ILUSIÓN DE UN PAÍS MEJOR A CORTO PLAZO

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Si algo debería no haber pasado nunca en la Argentina, pasó (…una vez más). En medio de la crisis y el desgobierno de un rejunte político liderado por la multiprocesada Cristina Fernández, la mejor solución que encontraron a mano fue reinstalar en el Ejecutivo nacional las peores figuritas del álbum de los malos recuerdos de este país alejado de la coherencia y más cercano a la corrosiva costumbre de repetir la historia.

De esta forma los argentinos, de impecable inconducta política, nos constituimos en los únicos sujetos en el mundo que podemos chocarnos más de tres veces con la misma piedra, transformando la realidad nacional en un hecho sociológico, preocupante, que nos obliga a mirar dentro de nosotros mismos para saber si somos estúpidos o sufrimos algún síndrome de Estocolmo irresuelto.

La campaña ya empezó y para trazar una raya, la dueña del circo acudió a viejas figuras empolvadas por el tiempo y castigadas por la sociedad en el 2015, pero con la teoría de “la memoria corta”, pretende ponerle una bisagra al gobierno títere de Alberto, cuando es un mandatario que claudicó a cualquiera de los propios principios cambiantes que lo llevó donde está.

Fracasada la campaña del garche, los penes de madera y del lenguaje inclusivo, tras la implosión de autodenominado Frente de Todos, sus esquirlas mediáticas han salido a hablar con los más disparatados argumentos en composé con las figuras de “recambio” que le pusieron a Alberto F para tomarle el gobierno y obligarlo  a transitar por una sola mano: la que quiere CFK.

Estupideces como las de Roberto Navarro, a quien se le escuchó decir: “Nuestro gobierno estaba en caída libre desde la foto de Sofía Pacchi”, como si con la foto de Aníbal Fernández, Ferreira, Juan Manzur y Rossi estuvieran “en levantada”.

Manzur no quería dejar la provincia en manos de su vice Osvaldo Jaldo, porque se replica la situación de Alberto y Cristina. Pues bien, de acuerdo a información de Tucumán, a Jaldo “lo convencieron” el lunes de la Casa Rosada donde le dijeron: si sacas los pies del plato te cortamos todos los recursos y dentro de dos años te metemos preso; Jaldo lo entendió, aparentemente. Las diferencias con Manzur, quedaron zanjadas.

La dinamita de CFK llegó al senado donde el denominado Frente de Todos ya es de unos pocos y hay senadores que ven bajo el agua y no se convencen de que todo esto es un “reacomodamiento”, sino más bien una operación de CFK para ganar poder, desplazar al presidente y si ganan mayoría en el Congreso, destituirlo por la vía de hecho, aludiendo algún tipo de “enfermedad” o cansancio moral para correr al “elegido” y que la jefa de la banda se quede al mando de la orquesta. Pero eso no es nada simple ni probable que ocurra, porque las encuestas son lapidarias con el Frente de Todos y con el FPV en particular.

Si algo faltaba salió Máximo Kirchner a decir “El Presidente ha tomado las decisiones y habrá que acompañarlo“. Un idiota total, una persona que no maneja los tiempos ni el discurso, al punto de negar lo obvio de cara a toda al sociedad que toma por estúpida. Ponerse en tercera persona cuando él y su madre fueron los detonadores de este escándalo interno que solo les interesa a ellos, pero mantiene en vilo al país, es una hipocresía que lo deja como es: un cuadro político berreta, improvisado y anti-político, que nutre al país de imbecilidades que ya nadie cree, ni siquiera él.

Después de asistir a esta pelea voraz el kirchnerismo/cristianismo contra Alberto Fernández, el títere que la propia CFK eligió para llegar al poder, aparecieron los videos donde Cristina Fernández criticaba a su vicepresidente Julio Cobos, cuando ejercía la máxima magistratura y decía que era un vicepresidente que no apoyaba al presidente, señalándolo como poco ético, ante lo cual insistía en esos tiempos que debía renunciar. ¿No estaría bueno que ahora, fuera ella la que pusiera en prácticas sus propias palabras?.

La vieja delincuencia K apareció en escena “para poner en orden” al desgobierno de Alberto Fernández. Los talibanes del FPV (léase Aníbal  y Manzur, entre los más relevantes) están para “ganar o ganar”, teniendo en cuenta que no hay oportunidad ni espaldas para soportar otra derrota, porque sería la desaparición forzada de la tranquilidad de la jefa e la banda.

Antes de eso, la dupla mencionada hará todo lo necesario para dar vuelta los resultados, aunque implique hacer trampas, fraude, amenazar, robar votos, alterar cualquier sistema a como dé lugar, para asegurarse el triunfo. Y para esto, Alberto Fernández no sirve, es muy blando, muy pavo…. Por esto y no por otra cosa, volvieron las manu militar y del Frente para la Victoria y ahí encajan Aníbal y el inefable Mansur.

 

Fuente: Agencia OPI Santa Cruz

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