A SEIS MESES DE LA DESAPARICIÓN DE MARCELA LÓPEZ EN RÍO GALLEGOS, SIN NOVEDADES Y NO SE LA BUSCA MAS

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Desde el 22 de mayo de 2021 a hoy pasaron seis meses. Desde ese 22 de mayo, en el cual la vecina Marcela López desapareció en medio de un misterio que permanece sin resolver, Santa Cruz se transformó en la provincia con el caso paradigmático de desaparición de persona en democracia por excelencia, donde la incapacidad aparente que tiene la justicia para investigar, se combina con el encubrimiento y la complicidad de los distintos estamentos públicos y políticos, toda vez que surgen evidentes señales de inacción para seguir otras hipótesis que no sea el suicidio de la mujer y se han despreciado pistas las cuales podrían haber sumado otras variantes investigativas que conduzcan al esclarecimiento.

Nadie puede decir que una pista no sirve si no se investiga previamente. Y esto pasa con el caso “Marcela López”. Se han encontrado huesos enterrados en un terreno céntrico de la familia Balado, mechones de pelos, un llavero que pertenecía a la mujer, otros restos humanos en una chacra cuya tranquera estuvo cerrada con candado, cuatro personas fueron testigos del hallazgo de dólares termosellados, tres horas de grabación entre José Luis Balado y Rocío González (hija de Marcela) donde el propio Balado desecha la hipótesis del suicidio y señala la pista del secuestro, conversaciones donde se revela que plantaron pruebas en el muelle, para fortalecer la hipótesis de que Marcela se habría arrojado a la ría local e innumerables pistas que aportan más dudas que seguridades, coronan este caso con fuertes sospechas de ocultamiento y complicidad, para resguardar el crimen.

Si a todo esto le sumamos la actitud del propio José Luis Balado con dos abogados que han dado muestras de tener como fin defender, no a Balado, sino a intereses superiores, pretendiendo pasar al dueño de casa como inimputable; los esfuerzos desde los medios de prensa vinculados al gobierno, por demoler pruebas, atacar a la querella y desmerecer la capacidad técnica del adiestador de perros, quien fue el artífice del seguimiento de las pistas y el hallazgo de muchas otras que nunca fueron investigadas por la jueza Valeria López Lestón, quien a su vez se separó de la causa que hoy está en manos de su par Rosana Suarez; los esfuerzos por acusar al abogado Jorge Trevotich por pedir la intervención de la justicia Federal; el rechazo de hacerse cargo de la causa por parte del juez Federal de Río Gallegos y ahora la espera del fallo de la Cámara Federal, que no ha decidido aún sobre si las pruebas aportadas por la familia, tienen méritos suficientes para que la investigación del crimen se siga en ese fuero, sin duda estamos ante la primera causa de desaparición de persona en Santa Cruz en época de democracia, que conmueve al país y reproduce, salvando la distancia y los detalles, con la otra desaparición icónica de la democracia, Julio López en provincia de Buenos Aires, donde (llamativamente o no), también estaba el kirchnerismo en el poder.

Cuando la causa roza el poder

Cuando en el año 2006 desapareció Julio López en provincia de Buenos Aires, un día después de declarar sobre el genocida Miguel Etechecolatz, nadie apostaba a que esa desaparición sería una incógnita eterna. Menos aún cuando el propio Néstor Kirchner (entonces presidente de la nación) los llamaba “el compañero Tito” y prometía un gran compromiso con la verdad y la justicia, mientras desde sectores de izquierda se acusaba al gobernador bonaerense de ese momento, Felipe Solá, de un pacto de impunidad con la policía provincial con (en ese momento) cuadros formados en la policía de Camps y el propio Etchecolatz.

Aníbal Fernández, en ese momento, decía que Julio López seguramente estaba en la casa de una tía y desde la SIDE se plantaban pistas falsas para distraer o desviar las investigaciones. Todos se preguntaban (y se preguntan) si era tan difícil para el aparato estatal (policía, justicia y gobierno) encontrar a un albañil de 77 años que como Marcela López en Río Gallegos, salió a caminar como todos los días?.

León Arslanián, entonces ministro de Seguridad bonaerense, le confesó a los organismos de Derechos Humanos que alrededor del caso se estaba jugando la “gobernabilidad” de la Provincia y que por eso, palabras más palabras menos, meterse con los sospechosos no era conveniente. Y así fue.

El kirchnerismo repartió culpas como mejor pudo. Ensuciaron todo, convirtieron el caso en un hecho patético de complicidad y ocultamiento y finalmente lo consiguieron: nunca se supo nada del paradero de Julio López.

Otro caso de ocultamiento, complicidad, ensombrecimiento y falta de voluntad para investigar un crimen del poder fue el asesinato del Fiscal Nisman. También ahí los mismos actores kirchneristas del caso Julio López, hicieron los suyo. Hoy, en el Estado nacional, vuelven a estar los mismos. ¿Verdad o consecuencia?.

En todos los casos el poder político estuvo fuertemente vinculado a los hechos jamás resueltos a nivel nacional. Hoy en la provincia de Santa Cruz se cumplen seis meses desde que la vecina Marcela López desapareció luego de “haber visto u oído” algo que no debió haber visto u oído, según los dichos de su ex pareja, José Luis Balado.

 

Fuente: Agencia OPI Santa Cruz

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